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martes, 26 de julio de 2022

LA ‘CELLA VINARIA’ DE VALLMORA (TEIÀ, BARCELONA)


El centro Enoturístico y Arqueológico de Vallmora (Teià, Barcelona) es un centro de interpretación que permite entender cómo era el proceso de producción del vino de la Layetania durante la época romana. Abrió al público en 2009 y contiene una reproducción de una ‘cella vinaria’ romana a partir de los restos arqueológicos que demuestran una actividad vitivinícola documentada entre los siglos I aC y V dC.


dolia y viña experimental  

Contiene diversas estructuras que se corresponden con diferentes etapas de funcionamiento.

La etapa más antigua (½ s. I aC - ½ s. I dC) contiene vestigios de lo que seguramente fue un horno de pan. Posteriormente (½ s. I dC - ½ s. II dC)  se construyó el primer complejo vitivinícola, con las primeras salas de prensado y depósito de recogida de mosto. La ‘cella’ entonces ya estaba en pleno rendimiento. Hacia la mitad del siglo II dC se documentan toda una serie de reformas, como el gran torcularium, con dos grandes prensas de viga (reproducidas). Las dos prensas se utilizarán hasta finales del siglo III dC, y solo una de ellas hasta principios del siglo V dC, momento en que la factoría fue abandonada. Las últimas etapas corresponden a la ocupación en época tardoantigua (s. VI - VII dC), con presencia de silos de almacenamiento de trigo y diversas inhumaciones con restos de cinco individuos.


horno de pan. Fase 1

silos para almacenar trigo. Etapa tardoantigua


Lo que ahora es centro de interpretación, pues, fue una villa rustica, un centro de producción de vino situado en la región de la Layetania, dentro de la provincia interior Tarraconensis. Conocemos dos nombres propios ligados al yacimieneto: el nombre del propietario y el del encargado de gestionar la explotación, es decir, el vilicus. El primero es Lucius Pedanius Clemens, un miembro de la familia de los Pedanii, muy vinculada a la vida pública de Barcino, quien sin duda prosperó económicamente gracias a la explotación del fundus. El segundo nombre corresponde a Epicteto, esclavo del primero y encargado de dirigir de forma eficiente la cella vinaria. Este Epicteto acabará consiguiendo la libertad y, gracias a la epigrafía, lo encontraremos también en Barcino, donde se casó con la liberta Acilia Arethusa y donde triunfó en la promoción social, convirtiéndose en sevir augustal. Lo sabemos gracias al hallazgo de un signaculum de plomo con la inscripción EPICTETI L(uci) P(edani) CLEMENTIS (De Epicteto [esclavo de] Lucio Pedanio Clemente), datado en el siglo II dC. Este signaculum funcionaria como sistema de etiquetaje, es decir, serviría para marcar las ánforas del fundus.


 
signaculum de Epicteto


En el yacimiento podemos observar las diferentes fases de la producción de vino.


Una vez hecha la vendimia -inaugurada con una fiesta religiosa llamada Vinalia Rustica-, la uva era transportada en cestas de mimbre hacia el lagar. Allí se introducía en el calcatorium, es decir, el espacio para el pisado del vino. El pisado es el procedimiento más antiguo para conseguir el mosto.


calcatorium

Se hacían hasta siete prensados de vino. El líquido resultante del primer prensado era el vino más puro, se recogía por decantación y sin la intervención de la mano humana. Este vino sagrado, llamado temetum, era el adecuado para las ceremonias religiosas. El producto del pisado pasaba a las prensas de vino. En la cella podemos ver la reproducción de dos prensas de viga que formaban el gran torcularium. El mosto pasaba a un depósito llamado lacus vinarius y posteriormente a tinajas semienterradas donde tenía lugar la fermentación. Estas tinajas o dolia conseguían que la temperatura se mantuviera constante. 


torcularium y prensas de viga




Con cada prensado se obtenía un vino de diferente calidad, e incluso con el hollejo del residuo final mezclado con agua se obtenía la lora, un subproducto que Catón recomendaba para la alimentación de los esclavos. En las dolia se podía mezclar el mosto con miel y fruta, o bien con aditivos tales como ceniza, yeso, polvo de mármol, agua de mar, especias diversas… El vino romano tenía mucho cuerpo y bastante graduación alcohólica, pero solían beberlo rebajado con agua. Tampoco era difícil que se avinagrase, pero en estos casos también habían inventado otro subproducto: la posca, una mezcla de agua y vinagre o vino picado con propiedades desinfectantes y muy refrescante. Pero claro, los romanos tenían una afición al sabor del vinagre bastante mayor que la nuestra. 


dolia

No podemos olvidarnos de la materia prima, la uva. El yacimiento cuenta con una viña experimental reconstruida según las fuentes y los datos arqueológicos. Hay diferentes tipos de emparrado: en pérgola, alineado, con tutores verticales y plantada en alveus, la más típica en el territorio de la Layetania. Por lo que respecta al tipo de uva, se decidieron por plantar moscatel porque es una variedad poco modificada y por tanto más cercana a la de la antigüedad.


viña experimental

El vino de la Layetania se comercializó por todo el Mediterráneo. Los textos clásicos insisten en su abundancia, corroborada por las ánforas vinarias producidas en la región halladas por todo el territorio romano: en Britania, en las Galias, a lo largo del limes germánico, en Roma, Ostia y Pompeya, en las islas occidentales -Corsica, Sardinia, Sicilia-, en el norte de África -Mauritania, Numidia-, además de en buena parte de Hispania. Los textos también especifican que no era un vino de gran calidad, sino de consumo popular y bastante ordinario. Sin embargo, no podemos saber si toda la producción a lo largo de todas las épocas se corresponde exactamente con esta mención. Eso sí, la Layetania ocupó un lugar privilegiado en el mercado mediterráneo a partir de la época de Augusto y el negocio del vino se convirtió en el motor económico de la región, enriqueciendo a productores, comerciantes, alfareros y resto de agentes implicados en la producción y exportación de vinos.


Una visita muy recomendable, donde también se pueden degustar y adquirir los vinos DO Alella, herederos del vino layetano.


Prosit!



Imágenes: @Abemvs_incena





lunes, 29 de abril de 2019

BACO, VINO, BAETULO: XV MAGNA CELEBRATIO

Cada año, el último fin de semana del mes de abril, la ciudad de Badalona se convierte de nuevo en la Baetulo romana que fue y celebra un festival que pretende dar a conocer su patrimonio romano: la Magna Celebratio.
Herma báquico. Museu de Badalona Foto: @Abemvs_incena
Esta edición está marcada por el protagonismo del dios del vino. Es la manera que tiene la ciudad y el Museu de Badalona de rendir homenaje a las piezas halladas hace dos años en las obras de la C-31. Una de ellas es una fantástica escultura, un herma hecho de giallo antico, que representa al dios Baco y que es todo un símbolo de felicidad y prosperidad, y un amuleto para alejar los malos espíritus. La pieza se puede visitar en la exposición Bacus, les màscares del déu, que organiza el Museu de Badalona, junto a muchas otras que sirven para repasar los significados, símbolos, orígenes y representaciones de este dios.
El culto a Baco llega a Roma entre los siglos III y II aC procedente de la Magna Grecia. Es la divinidad del vino, del teatro y de la fecundidad y se identifica con otros muchos dioses paralelos de otras culturas y de otras épocas: el griego Dioniso, el latino Liber Pater, el frigio Sabacio y muchos más.

En general, todos representan los aspectos más irracionales del ser humano, y también el acercamiento a los dioses a través del estado alterado de la conciencia que proporciona el alcohol. Era un dios terriblemente popular. Pero Grecia no siempre había rendido culto al vino. Mucho antes de establecer esta bebida como todo un símbolo cultural y un emblema de la civilización -por oposición a la barbarie-, Grecia rindió culto a la cerveza. Esto  nos lo explica todo un especialista como es David Moya (de la cervecería 4pedres), quien cada edición del festival prepara una cerveza artesanal de inspiración histórica, en colaboración con el Museu de Badalona. Partiendo de la etimología y de los hallazgos arqueológicos este año han elaborado una cerveza que es todo un homenaje al pasado oscuro e incierto de este dios.
Presentación cerveza Sabacius. foto: @Abemvs_incena
foto: @Abemvs_incena
Por una parte la etimología conecta una serie de conceptos con este dios y con el cereal para hacer cerveza o con una bebida de cereales (Bromios, Braites, Brytos); por otra parte la arqueología nos habla de contenedores de época minoica (hace 4.000 años) con restos de cereal para hacer cerveza. En concreto, los restos de hidromiel, vino y cerveza de época minoica son ingredientes los que han inspirado la de este año, que lleva por nombre Sabacios, en homenaje al dios frigio Sabacio, que se identifica con Dioniso-Baco.

escultura de máscara teatral. foto: @Abemvs_incena
La ciudad de Baetulo siempre tuvo buena relación con Dioniso-Baco. Baetulo era de las pocas ciudades que tenía un teatro, del cual quedan pocos restos enterrados bajo los edificios del centro de la ciudad. Se construyó durante el siglo II y las excavaciones aún nos tienen mucho que decir. Se sabe que el origen del teatro -Atenas, entre los siglos VI y V aC- se encuentra en las ceremonias de culto a este dios. Las obras teatrales se representaban durante las festividades consagradas a Dioniso, con danzas frenéticas, consumo de vino y representaciones de la muerte del dios con actores vestidos de faunos.


Por otra parte, la prosperidad de la ciudad de Baetulo se debió principalmente al negocio del vino, por lo que su relación con el dios Baco está más que consolidada. El vino de Baetulo, como el de toda la Layetania, era un vino abundante pero de calidad tirando a baja. Plinio el Viejo, autor del siglo I, nos dice que “entre los vinos de las Hispanias, los layetanos se han hecho famosos por su abundancia” (NH XIV,71), y Marcial, más o menos en la misma época, deja claro que es un vino flojo y ordinario, digno sólo de borrachines pendencieros que no saben apreciar los buenos caldos: “Pídele al tabernero vinaza laletana, si bebes, Sextiliano, más de diez vasos” (Epigr.I,26). Pero este vino malucho y flojo consiguió enriquecer a todo el territorio de los Layetanos, que abarcaba desde Barcelona (Barcino) hasta Blanes (Blandae), y especialmente a Baetulo, ciudad que centralizaba toda la producción. El negocio del vino se convirtió en el motor de la ciudad, una ciudad que se llena de esplendor desde la mitad del siglo I aC, y lleva prosperidad a todos los implicados en la producción y la exportación de sus vinos: comerciantes, negotiatores, terratenientes, alfareros...
En el interior de la ciudad, justo al lado del fórum, se hallan los restos de dos domus lujosas cuyos propietarios eran productores o comerciantes dedicados al negocio del vino. Se las conoce hoy día como la Casa dels Dofins y la Casa de l’Heura. En ambas quedan restos de la zona de trabajo destinada al vino, como los depósitos de fermentación. Aunque también quedan en pie las habitaciones, las pinturas, los mosaicos… pruebas de la bonanza económica de sus propietarios.
Casa dels Dofins (símbolos de Baco) Foto: @Abemvs_incena
El vino se producía en la misma Baetulo y en todo el territorio, donde el nuevo modelo de asentamiento rural, la villa, se impone. Una vez elaborado se envasaba en ánforas para su transporte y distribución. Estas ánforas, que se producían también en zonas cercanas, se cargaban en carros para su transporte por vía marítima.

ánfora Pascual 1. Museu de
Badalona Foto: @Abemvs_incena
Las ánforas que predominan en Baetulo son conocidas como modelo Pascual 1, y son más pequeñas y ligeras que las itálicas, toda una marca de identidad del vino layetano. Por cierto, las ánforas contenían sellos que proporcionan información sobre el productor o el comerciante. Es así como sabemos el nombre de uno de ellos: Marcus Porcius, un personaje bastante importante a finales del siglo I aC, hombre libre, relacionado estrechamente con Baetulo y con el mundo del vino. Su nombre, marcado en los sellos metálicos de las ánforas como M PORCI y M PORC, aparece documentado en más de 70 ánforas halladas en Baetulo. Gracias a los sellos de las ánforas sabemos también a dónde se exportaban estas. Durante la segunda mitad del siglo I aC el principal mercado era la Galia. Se transportaban hasta Narbona y desde allí se distribuían al resto de ciudades por transporte fluvial. El vino de Baetulo llegaba hasta la Gran Bretaña y el limes germánico. Cuando la Galia comienza a producir su propio vino la exportación cae en picado. Este momento, que coincide con el cambio de siglo, obliga a buscar nuevos mercados: ahora serán las tabernas de la ciudad de Roma las que servirán el vino barato de la Layetania. La prosperidad de Baetulo llegará hasta el siglo III. La relación de Badalona con Baco, afortunadamente, continúa.