Mostrando entradas con la etiqueta mercado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mercado. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de julio de 2026

LA LISTA DE LA COMPRA


En diversas paredes de las ciudades sepultadas por el Vesubio han ido apareciendo diferentes grafitos que suponen un auténtico testimonio de la vida cotidiana de la Antigüedad. Algunos son muy famosos, como los anuncios electorales en la vía pública, las figuras de gladiadores luchando o las pintadas sexuales de lupanares y tabernas, del estilo “Me follé a la camarera”. 


Otros son menos vistosos. Por ejemplo, los que representan listas con alimentos y nombres que se consideran algo así como listas de la compra. Son menos populares, entre otras cosas porque presentan muchos problemas de conservación y bastantes de interpretación, y la mitad de las palabras -abreviadas, escritas de manera rápida y descuidada- a menudo son desconocidas. Sin embargo, proporcionan una información de primera mano sobre la vida cotidiana más plebeya. 


Sin duda la lista más famosa de todas, y la más extensa, es la inscripción CIL IV 5380. Apareció en el zócalo negro de una pared pompeyana perteneciente a un deversorium urbano, es decir, una especie de albergue o fonda similar a los hospitia que poblaban las carreteras, pero dentro de la ciudad. Se trataba de un hospedaje para dormir que estaba conectado con dos establecimientos dedicados a la restauración: un bar con mostrador y una popina o casa de comidas. El deversorium, además, contaba con varios cubicula, cocina propia y dos salas con triclinio listas para banquetes privados. Obviamente, formaba parte de una insula. Allí, a una altura aproximada de un metro desde el pavimento, en la pared septentrional de una habitación de la domus IX 7,25, ocupando un espacio de 50 X 93 cm, alguien decidió escribir en tres columnas desiguales una lista de alimentos y objetos, comprados o para comprar, ordenados cronológicamente a lo largo de ocho días, desde el octavo día antes de los Idus hasta los mismos Idus de un mes desconocido. ¿Quién escribió el graffito y para qué? No podemos saber si fue hombre o mujer, si fue un cliente, el propietario o alguien que llevaba algún tipo de registro. ¿De qué? Pues de gastos hechos o que se van a hacer en alimentos y objetos, cuyo precio se expresa en ases, excepto en algún caso en que aparece el símbolo del denario.


Inscripción CIL IV 5380 Fuente: pompeiiinpictures.com


Analizando los elementos que más se repiten en la lista (los que se entienden) podemos hacer una radiografía de la alimentación popular. Por ejemplo, todos los días se menciona el pan, producto básico al que se dedican 5 denarios y 4 ases del total del gasto (un 24%).  El pan aparece con diferentes nombres: pane, el más habitual;  pane cibariu o cibar(ium), y pane puero o puero pane, ‘pan para el esclavo’. Se intuyen, pues, al menos dos tipos de pan, uno de ellos el cibarius, un pan negro, barato y de harina basta que los textos califican normalmente de ‘durus’ y ‘sordidus’, vamos que era bastante plebeyo. Desconocemos el otro tipo de pan, quizá de mejor calidad. El ‘pan para el esclavo’ puede responder a una tercera calidad, o bien a una manera de organizar el gasto. Además del pan, también se menciona el propio cereal: halica(m), que es la sémola de farro o espelta, y tridicum, el trigo de toda la vida. Y por si fuera poco, se nombra un objeto estrechamente relacionado con el grano: el pultarius, la olla de cerámica donde se cocía el puls, las famosas gachas que alimentaban al pueblo romano desde tiempos inmemoriales, algo así como un plato nacional.


Junto al pan, aparecen los otros dos elementos de la famosa tríada mediterránea: el vino (vinum) y el aceite (oleum). Ambos son bienes de consumo de primera necesidad. El aceite aparece en 4 de los 8 días, sin más especificación que su nombre, oleum. Puede tratarse de un oleum cibarium del montón o de aceite un poco más refinado, pero la cuestión es que en cuatro días se destinan dos denarios a comprar aceite y en uno de los días se gasta casi la misma cantidad, además, en el aceite destinado a un tal Servatus. Quizá tenga algo que ver que ese mismo día también se mencione en la lista pro patella, lo cual podría representar el aceite necesario para hacer las ofrendas. O bien el aceite que se usa en la iluminación, reforzado por el inltynium de la lista, que los expertos traducen como ‘lámpara’ o ‘mecha’.

El vino se menciona en tres días. Como pasa con el aceite, en uno de los días aparece dos veces, separando una compra de dos ases de vino de otra por valor de un denario destinada para alguien a quien llama Domatori. Este Domator o Domatori es alguien que desconocemos pero que vuelve a aparecer más adelante, y tuvo que ser un pez gordo porque recibe bienes de mayor categoría, como unos pescaditos -pisciculum- por valor de dos ases que los expertos relacionan con la confección de allec. Quizá este Domator sea destinatario de un vino menos peleón, un Falerno, un Setino, un Aminiano. A saber.


Pero el pompeyano medio no solo vive de pan, vino y aceite. La gente, por humilde que sea, necesita proteínas de alto valor biológico, como se dice ahora, y grasas. Por eso el queso (caseum) se menciona cinco veces en la lista. El queso era un producto estrella entre las clases más populares. Era barato -en la lista se invierten doce ases en total-, nutritivo, fácil de almacenar y muy, muy plebeyo. La literatura lo menciona poco, y siempre entre las clases más humildes o como símbolo de frugalidad, y suele identificarse con el mundo campesino y pastoril, alejado del cosmopolitismo del que presumen los patricios. En la lista podemos ver dos tipos de queso, o incluso tres. Uno de ellos aparece como casium molle(m), que sería tierno y fresco al estilo del requesón. Se le representa en los frescos pompeyanos, dentro de cestitos de junco y en Los cautivos de Plauto aparece justamente dentro de un elenco de productos que ir a buscar al mercado (Capt. 851). El resto de menciones simplemente se refieren a casium, sin más. Pero el hecho de que aparezca dos veces en determinado día quizá responda a dos tipos diferentes. En todo caso, seguro que era un queso de cabra o de oveja que solucionaría el ientaculum matutino junto al pan duro. 


Escena de mercado

La lista incluye otros productos, acumulados sobre todo en el tercer día antes de los Idus, que igual era día de mercado y por eso contiene diecinueve elementos, algunos bastante extraños. Por ejemplo, hxeres, que se suele identificar con fruta seca, quizá dátiles; femininum, ¿algún producto de belleza?; Sittiae, según unos es una persona y según otros, un cubo; o montana, que para algunos expertos podría tratarse del trébol montañés o alguna hierba similar. Ese mismo día, insisto en que bien podría ser día de mercado, es el único en el que aparece la carne: bubella(m) -carne de buey- y botellum -un tipo de salchicha o morcilla-. 


Otros productos mencionados una o dos veces son los puerros (porrum), los dátiles (palmas), el incienso (thus) y el enigmático cepas (¿cebollas?) o fecias (¿?).


La información que nos proporciona esta lista, la más extensa de todas, es bastante significativa de los alimentos que el mundo romano consideraba básicos: pan, vino, aceite, queso y alguna concesión a las proteínas animales. Aunque desconocemos mucho de lo que rodea a estas listas, sí podemos intuir una dieta monótona y sencilla.


Palestra Grande de Pompeya. Fuente: esturismo.eu


Otras listas aparecidas en Pompeya coinciden bastante en ingredientes y precios. 

En las columnas junto al anfiteatro, en la Palestra grande, han aparecido bastantes inscripciones que concuerdan en todo. Una de ellas, la CIL IV 08561a, menciona (o mencionaba porque se ha perdido por desprendimiento del enlucido) una libra de tocino, P(ondo?) lard(i), que cuesta tres ases, y embutido de cerdo (Suar(ium?), además de los consabidos vinum, casium, oleum y panem. En la misma columna hay otra inscripción, la CIL IV 08566b, un poco más extensa, donde se leía -sí, también desapareció- PVRM, que bien puede referirse a pulmentarium, el alimento para acompañar a las gachas, o a pultarius, la vasija para cocer esas mismas gachas o puls; además de los básicos vinum, casium, oleum y la mención a la proteína animal: porcin(am) y carn(em), por valor de un as cada una. La proteína en forma de carne se repite también en una lista de precios aparecida en las Termas Suburbanas de Herculano: singa, orrellas y thymatla, que algunos expertos traducen como ‘tocino’ (singa por axungia), ‘chuletas de cerdo’ (offellas y no orrellas) y ‘salchichas con tomillo’. Pero vamos, que todo son conjeturas lingüísticas. Y otras veces las listas parecen insistir más en los productos vegetales, revelando quizá una posible visita al Forum Holitorium, como las aparecidas en una vivienda y que mencionan repollos -coliclo-, acelgas -bet(am)-, mostaza -sina(pi)- y menta -men(tam)- [CIL IV 4888 y 4889).


Proteínas en forma de salchichas, tocino, embutidos o carne fresca; queso, verduras y, sobre todo, mucho pan, vino y aceite. Eso es lo que se desprende de la información aportada por estas listas desparramadas por las paredes de las ciudades sepultadas por la lava del Vesubio. No es lo único que comían, pero sí es lo que más apuntaban en esas inscripciones de gastos que el tiempo ha ido borrando para siempre.


Para acabar, unas palabras extraídas del corazón de Pompeya, en plena zona de tabernas, reflejando la clásica rivalidad entre ciudades: una destaca por sus especialidades culinarias, y la otra por sus vinos:


Viator Pompeis pane (:panem) gustas

Nuceriae bibes 


‘Viajero, en Pompeya comerás pan, pero en Nuceria beberás mejor.’ (CIL IV 08903)


CIL IV 8903 Fuente: Epigraphic Database Roma


Sean felices!



Fuentes consultadas:

 

- EPIGRAPHIC DATABASE ROMA  [http://www.edr-edr.it/edr_programmi/view_img.php?lang=en&id_nr=147519]

- The Ancient Graffiti Project [https://ancientgraffiti.org/Graffiti/graffito/AGP-EDR147519]

- Solin, Heikki; Caruso, Paola .- Memorandum sumptuarium pompeianum. Per una nuova

lettura del graffito cil iv 5380. Vesuviana, 8, 2016, pág. 105

- Portale Numismatico dello Stato [https://www.pompei.numismaticadellostato.it/tappa07.html]

-Sharon Marie Ruddell: The Inn, restaurant and tavern business in ancient Pompeii, Thesis --University of Maryland, College Park 1964 [https://api.drum.lib.umd.edu/server/api/core/bitstreams/870bc3fd-ebeb-4148-8b1c-a5461b32b477/content]

- vlcampbell - Black Friday.- Blog Pompeian Connections 

[https://pompeiinetworks.wordpress.com/tag/cil/page/2/]

-pompeiiinpictures [https://pompeiiinpictures.com/pompeiiinpictures/R9/9%2007%2025.htm]


martes, 10 de febrero de 2026

VOCES DE ROMA: HERMENEUMATA PSEUDODOSITHEANA O CÓMO COMUNICARSE EN LA ROMA DEL SIGLO III

Los métodos de idiomas con enfoque pragmático, esto es, indicados para defenderse en una lengua extranjera empleando modelos de conversación, son más viejos que la tos. Esos pequeños libritos con frases que sirven para presentarse, para pedir helados de fresa en la tienda, para pagar en el hotel o para pedir un taxi no son un invento contemporáneo.


Del siglo III dC aproximadamente se conserva un libro de texto de este tipo, compuesto para enseñar latín a los grecoparlantes que circulaban por el Imperio y viceversa, griego a los hablantes de latín. Se conoce como Hermeneumata Pseudodositheana y se trata de unos manuales de ayuda con un glosario alfabético, un glosario temático con listas de palabras agrupadas por campos semánticos (colores, templos, árboles, festividades, dioses…) y varias guías de conversación (colloquia) con frases muy sencillas para el día a día en la escuela, el trabajo, el almuerzo, los baños, la vida social… Realmente son anónimos, aunque fueron atribuidos durante mucho tiempo al retórico Julio Pollux y también al gramático griego Dosíteo Magister.


Los colloquia, en griego y latín, se componen de frases de sintaxis sencilla para usar de manera común en situaciones de la vida real, y ahí radica su valor. Porque estas frases son las que cualquier hablante -de griego y de latín- empleaba de manera habitual. 

Así pues, si queremos hablar como cualquier persona que circulase por la Roma del siglo III, no tenemos más que aplicar el método de idiomas contenido en los Colloquia y ya nos podremos dirigir al maestro, poner orden en la clase si el maestro eres tú, saludar al patronus, dirigirte a tus esclavos y esclavas con propiedad, quedar con tus amistades para beber y para ir a ver los juegos, pelearte usando los exabruptos adecuados, ir a los baños, pedir dinero prestado, visitar a un amigo enfermo… Y, por supuesto, los Colloquia recogen también las frases adecuadas para invitar a alguien a comer, para ir al mercado, para dar órdenes en las cocinas y que todo esté a tu gusto, para comportarse en el triclinio como un buen anfitrión y hasta para pedir la comida en el restaurante. 


Y todo ello demostrando una competencia comunicativa casi casi de B2.


Estudiando idiomas en rollos de papiro.
Museo Arqueológico de Nápoles



Como es prácticamente imposible comentar aquí el 100% del texto, remito al lector ávido de información bilingüe al documento que está disponible en la Bibliotheca Augustana, y me permito comentar solo algunos aspectos culinarios que me han llamado la atención.


Por ejemplo, para dirigirte al esclavo que te ha de acompañar al mercado

Tu, puer, sequere me ad macellum; aliquid emamus ad prandium (“Tú, muchacho, sígueme al mercado; compremos algo para el almuerzo”), donde toca preguntar por el precio del pescado (quantum piscis) y comprar cosas como legumbres (olera), manzanas (poma), moras (mora), higos (ficus), melocotones (persos), peras (piras) o trufas (tuberes). 


Los colloquia nos enseñan a dar instrucciones a los esclavos de cara a preparar el comedor: “preparad el triclinio” (sternite triclinium), “extended la colcha y los cobertores” (operite stragula et opertoria), “traed las copas y la plata” (adferte calices et argentum), “traed la escoba” (ducite scopam), “rociad agua” (spargite aquam). Y también para dirigirte a ese esclavo que siempre intenta escaquearse: tu, puer, tolle lagunam et imple aquam, scinde ligna, exterge mensam et pone in medium (“tú, muchacho, toma la jarra y llénala de agua, parte la leña, limpia la mesa y ponla en medio”). El texto, como se ve, nos proporciona muchísima información sobre los preparativos para recibir invitados. 


Camino del mercado. Tzippori National Park


También gracias al texto sabemos lo que se guardaba en la despensa bajo llave. Se trata de condimentos básicos para la culinaria romana: sal (sale), aceite de Hispania (oleum Spanum), garum del bueno y del montón (liquamen primum et secundum), vinagre fuerte (acetum acrum) o mosto añejo (mustum vetus). Y también utensilios imprescindibles para poner en marcha una buena cena con invitados: las lámparas con sus arreos (apparatum ad lucernas), leña seca (ligna sicca), carbón (carbones), brasas (prunam), un hacha (securim), vasos (vasa), cuencos (catina), una cacerola (caccabum), la olla (ollam), una parrilla (craticulam), una tapadera (coopertorium), el mortero (mortarium), la mano del mismo (pistillum) o el cuchillo (cultellum).


Y por supuesto, los colloquia nos permiten invitar a alguien a una comida informal: Si tibi suave est, hodie apud me prande frugaliter (“Si te parece bien, hoy come conmigo algo sencillo”), donde tomar un vino sin pretensiones (vino bono domestico utimur). O bien enviar invitaciones mediante tu esclavo: vade ad Gaium et dic illi: Veni, inde lavemus (“Ve a casa de Gayo y dile: Ven, de ahí iremos a bañarnos”), o quejarte si llegan tarde los invitados: Nondum venit? vade, dic illi: Sero nos facis prandere (“¿Todavía no viene? Ve, dile: Nos haces almorzar tarde.”).


Al cocinero le pediremos que guise los platos cuidadosamente (Tolle, coque diligenter pulmentaria) y, sobre todo, que aplique todo su arte para condimentar las elaboraciones (conditura bona fiat).


Durante la cena, existen también cientos de instrucciones relacionadas con el servicio, por ejemplo “Recostémonos” (discumbamus), “¿Queréis vino especiado o arrope?” (quis quid vult? aut conditum aut caroenum), “preparame vino caliente, no hirviendo ni frío, sino templado” (misci mihi calidum, noli ferventem neque tepidum, sed temperatum), “pásame la servilleta” (porrige mihi mappam), “que uno de vosotros parta el pan y lo traiga en un cestillo” (unus de vobis panem frangat et in canistellum inferat) o “brindo por ti” (propino tibi). Eso por poner solo un ejemplo.


Sociabilizando en la antigua Roma
MuseoArqueológico de Nápoles


Pero mi parte favorita es la lista de frases relativas a pedir comida en lo que parece un restaurante en toda regla


El repertorio de frases está ordenado según las diferentes etapas de una cena. Como sucedía habitualmente, todo empezaba visitando las termas y después, tras  pedir las sandalias galas y la túnica, justo entonces el texto pasa a las instrucciones necesarias para comer con unos amigos, allí, en las mismas termas. 


Es decir, que el texto nos proporciona información de primera mano sobre lo que era comer fuera, no solo en casa de alguien, sino en un establecimiento público donde no se aceptan los platos que vienen de la cocina sin más, sino que se piden al servicio. Lo que nosotros llamamos un restaurante. Y no se trata de un tugurio de mala muerte ni una taberna humilde, sino un lugar en el que el grupo de comensales se reclina para comer (Accumbamus). Es decir, un lugar amplio y confortable para un grupo que comerá en un triclinio, como merece una comida de lujo. 


Comienzan entonces las frases que sirven para pedir los primeros platos: verduritas ligeras seguidas de algunos de los platos más golosos para los romanos: casquería, embutido y pescado:


Danos primero remolacha o calabaza; añade la salsa de pescado; trae rábanos y un cuchillo; sirve oxygarum, lechuga y pepinos. Trae manitas de cerdo, tripa rellena y útero de cerda. Danos pan blanco. Echa aceite en la ensalada. Limpia las sardinas de escamas y ponlas sobre la mesa. Danos mostaza, paleta (?) y jamón. Ya está listo el pescado asado”.


Da nobis primum betas aut cucurbitas: mitte liquamen: da radices et cultellum: pone oxogarum et lactucas et cucumeres.
Affer unguellam et ventriculum (?) et vulvam. Date panes siligineos. Mitte oleum in salsum. Sardinas exsquama, et pone super mensam. Date sinapem (?) et collarem et colefium. Piscis assatus est.


A continuación, las instrucciones para pedir al camarero los platos fuertes a base de carne:

Trincha el ciervo, el jabalí, la gallina y la liebre, y unas coles pequeñas. Corta la carne hervida. Sirve la carne asada. Danos de beber. Todos beberemos algo. Trae tórtolas y faisán, trae la ubre de cerda y vierte encima el allec. Vamos a comer; está hecho perfectamente. Trae el cochinillo asado. Está muy caliente. Corta eso. Trae miel en una jarrita. Trae el ganso cebado y la sal de especias”. 


Praecide cervum et aprum et gallinam et leporem, et cauliculos. Fac. Praecide carnem ex aqua madidam. Da carnem assam. Da nobis bibere. Omnes bibimus: affer turtures et fasianum: affer sumen, et allicem perfunde. Manducemus: optime factum est. Da porcellum assum. Valde calit. Praecide illum. Affer mel in acetabulo. Affer et anserem saginatum et sale conditum.


La mayoría de elaboraciones que se mencionan se corresponden con platos de alta cocina del momento, que incluso tienen su correlación en el recetario de Apicio, donde encontramos bastantes recetas de cochinillo, caza, aves y algunas finuras como el útero y las tetas de cerda. Entre los condimentos, se menciona expresamente el garum en tres formatos: como salsa de pescado (liquamen), mezclado con vinagre para aliñar ensaladas (oxogarum) y como salsa más espesa (allicem) para acompañar la ubre de cerda.


Un menú perfecto para celebrar algún evento con amigos o familia. No acaba aquí, también se mencionan los postres o secundae mensae:


Danos agua para las manos. Trae, si hay, calostro con miel y pastelitos de adormidera; divídelo en porciones; lo compartiremos”.


Da aquam ad manus. Afferte, si quid habetis, colostra cum melle, et gelonianum;  parti eum; tollamus partes.


Y hasta se menciona la propina para todo el servicio, consistente en el reparto de las sobras del menú, como era habitual en la época:


Hemos estado muy bien. Da de beber y cenar a los sirvientes, y también al cocinero, porque nos ha servido bien”.


Bene accepti sumus. Da ministrantibus, da ministrantibus bibere et cœnare, et coquo, quoniam bene ministravit.


Escena de banquete. Museo del Bardo, Túnez

Los Colloquia de los Hermeneumata Pseudodositheana son un fantástico documento con valor filológico, pero también, ya lo ven, un pedacito de vida, una ventana que permite asomarnos a la vida cotidiana de la Roma del siglo III.


Sean felices!